El cuerpo humano está programado para dormir en oscuridad.
Durante miles de años, cuando caía la noche, el entorno se volvía completamente oscuro.
Y el cerebro entendía una cosa muy clara:
Es hora de descansar.
Hoy, sin embargo, dormimos rodeados de luz artificial.
• luces de la calle
• pantallas
• LEDs de dispositivos
• iluminación dentro de casa
Aunque parezca una luz muy débil, el cerebro puede detectarla.
Y cuando eso ocurre, la producción de melatonina —la hormona del sueño— puede reducirse.
El resultado suele ser un descanso menos profundo.
Las máscaras de sueño ayudan a bloquear completamente la luz, creando un entorno de oscuridad total incluso en habitaciones iluminadas.
Es una forma simple de decirle al cerebro algo que entiende perfectamente:
La noche ha empezado.